Factores de riesgo y protección en adolescentes

Cuando intervenimos con menores, es importante identificar las variables objeto de intervención. Para eso, diferenciamos entre factores de riesgo, que son aquellos que aumentan la probabilidad de que un individuo cometa delitos; y factores de protección, que son aquellos que reducen la probabilidad de que se cometa el hecho delictivo. Profundicemos más en estos conceptos:

Factores de riesgo: se entienden aquellas circunstancias o características de la persona que están correlacionadas con una mayor probabilidad de cometer hechos delictivos (Andrews y Bonta, 2010). Los estudios sobre los factores de riesgo son muy variados y son muchos los factores descritos como preditores de delitos. Drogas, trastornos, actitudes, estructura familiar o relaciones sociales, entre otros, son los factores más estudiados por la psicología delictiva y la criminología.

Los autores Andrews, Bonta, y Hoge (1990) definían las necesidades criminógenas como aquellos factores de riesgo que están directamente relacionados con la conducta delictiva. Estos factores de riesgo son dinámicos (se explicarán más adelante). Al ser factores modificables, la intervención sobre ellos variará la probabilidad de la conducta delictiva. Asimismo, inciden en que: el hecho de intervenir sobre factores no relacionados con necesidades criminógenas, no tienden a producir ese efecto de variación. Aun así, parece interesante centrarse en las necesidades no criminógenas, si estas son importantes para el sujeto, ya que pueden fomentar la adherencia a la intervención.

Se considera que los factores de riesgo de los chicos y chicas, son una gran fuente de información, que permite gestionar la intervención y disminuir la reincidencia (Loinaz, 2013).

Factores de protección: Entendemos como factores de protección, situaciones personales o contextuales que distancian al individuo de la conducta criminógena.

Las herramientas de valoración de la reincidencia, están principalmente orientadas a los factores de riesgo, con todo, está aumentando la atención en potenciar los factores de protección, de acuerdo con la intención de apoyar a la prevención de la reincidencia (De Vries Robbé, 2014).

Parece sensato entonces, que al realizar la evaluación del menor infractor, se realice de forma complementaria una evaluación de los factores de riesgo y de protección con el fin de tener una valoración más equilibrada. Esta unión acerca pautas para la intervención psicológica y educativa.

A modo de ejemplo, se muestran algunos factores de riesgo y protección

Los estudios realizados sobre delincuencia, señalan como influyen los factores de riesgo en la instauración de una trayectoria antisocial que, en los casos más graves comienza en edades tempranas, y que se va estabilizando a lo largo del ciclo vital de la persona (Farrington, 2008). Así, la aparición de determinados comportamientos de escasa importancia puede significar el inicio de una escalada conductual en la que distintos factores como la familia y el grupo de iguales median de forma significativa en la consolidación de un estilo de vida caracterizado por la delincuencia juvenil (Gómez, Romero, Luengo, 2000).

De fundamental importancia para dirigir la intervención a la reducción del riesgo y la reincidencia, es delimitar la permanencia temporal de los factores de riesgo. Según los autores Olver y Wong (2011) podemos distinguirlos en:


Dinámicos: Serán aquellos factores de riesgo que ocuparán la capacidad de ser modificables, puesto que las intervenciones sobre ellos pueden alterar el comportamiento antisocial actual. Es decir, el menor infractor con un bajo autocontrol que está siendo intervenido por un equipo psicosocial de un centro de día, puede incrementar su capacidad de pensar antes de actuar y reflexionar, asumiendo la responsabilidad de sus actos.

Según Loinaz (2011), serían estos factores en los que habría que centrarse en la intervención con delincuentes, puesto que, mediante su variación los individuos cambiarían su forma de pensar ante el acto delictivo. Asimismo este autor señala una serie de conductas habituales en los menores infractores: las actitudes que animan a la violencia, a la impulsividad, al consumo de alcohol o drogas y algunos problemas psicológicos.


• .Estáticos: Aquí nos encontramos ante factores históricos, que en principio no van a ser modificables. Serían causas o circunstancias que formarían parte del pasado del menor (v.g. ser abusado) o características personales inmodificables (chico, 16 años). Aunque no podamos realizar una intervención sobre ellos con el objetivo de cambiar esas circunstancias, sí se deberían de tener en cuenta como predictores del comportamiento.

Factores de riesgo por su permanencia temporal

Referencias consultadas:

Andrews, D.A. y Bonta, J. (2010). The psechologe of criminal conduct (5th ed.). Cincinnati, OH: Anderson Publishing Co

Andrews, D.A.; Bonta, J. y Hoge, R.D. (1990). Classification for effective rehabilitation: Rediscovering psechologe. Criminal Justice and Behavior, 17, 19-52

de Vries Robbé, Michiel. (2014). Protective Factors. Validation of the Structured Assessment of Protective Factors for Violence Risk in Forensic Psychiatry.

Farrington, D. (2008). Integrated developmental anda life-course theories of offending. New Jersee: Transaction Publishers.

Gómez-Fraguela. J.A, Romero, E y Luengo, M. A. (2000). Factores psicosociales e delincuencia: un estudio de efectos recíprocos. Escritos de Psicología, (4), 78-91.

Loinaz, l. (2011). Clasificación de agresores de pareja en prisión. Implicaciones terapéuticas e de gestión del riesgo. En VV.AA., Intervención con agresores de violencia de género 153-276. Barcelona, España: Centro de Estudios Jurídicos e Formación Especializada.

Loinaz, l. (2013). Carrera delictiva e reincidencia en agresores de pareja en prisión. En R. E. Castillejos e C. C. Alonso (eds.), Violencia de género y justicia (pp. 647-676). Santiago de Compostela, España: Universidad de Santiago de Compostela.

Olver, M. E y Wong, S. C. (2011). A comparison of static and denamic assessment of sexual offender risk and need in a treatment context. Criminal Justice and Behavior, 38(2), 113-126.

Publicado en Psicología.