Utilizar el castigo como proceso de modificación de conducta

Gran parte de la investigación relacionada con el castigo se ha estudiado mediante este tipo de estímulos aversivos. Este hecho, ha provocado una distorsión popular sobre su uso.

Voy a clarificar un poco esta técnica que trata de reducir o extinguir conductas.

El castigo puede ser negativo o positivo (negativo o positivo nada tiene que ver con malo o bueno, desagradable o agradable). El castigo negativo se refiere, por ejemplo, a la retirada de un estimulo que puede ser reforzante para la persona. Imaginemos a un chico de 15 años que está terminando la ESO, pero resulta que se queda hasta altas horas de la noche viendo series en Netflix y ello le impide rendir bien en clase, el hecho de modificar la contraseña para que no pueda entrar, quitarle la televisión de su habitación (o cambiarlo de habitación en la que no haya televisión) serían ejemplos de castigo negativo.

En el caso del castigo positivo, el proceso trata en añadir un estimulo aversivo. Veamos un ejemplo: seguimos con el chico que se pasa la noche en Netflix, debido a esto, llega tarde a clase y la profesora le dice que tiene que escribir 100 veces «no llegaré tarde a clase». Vaya, otro ejemplo sería cuando me pido un té verde en un bar, la taza aparentemente no quema y cuando ya está el té en mi lengua me quemo (me pasa de vez en cuando).

Como vemos, estos son los tipos de castigos que se utilizan en modificación de conducta, no son castigos físicos ni violentos.

El castigo no debe ser la primera opción para modificar comportamiento y en caso de tener que utilizarlo es más recomendable el castigo negativo ya que no introducimos ningún tipo de estímulo aversivo.

Publicado en Psicología.